Necesitamos construir barrios

Por Paulo Adrián , Investigador Área Política y Sociedad. 

 

Existe poca claridad respecto a qué significa y qué implica en la práctica la integración social. Respecto de lo primero, es posible entender como el grado en que personas distintas se encuentran, ya sea en la interacción cotidiana o en el hecho de tener experiencias similares. De esta manera, la integración social se relaciona estrechamente con la construcción de un estándar de dignidad común. Sin embargo, en lo relativo a qué implica esto en la práctica, la respuesta es más compleja. Quiero desarrollar este concepto en una temática específica de la vida social: la ciudad, el barrio y el territorio.

Probablemente la institución que ha hecho el desarrollo más sistemático de este tema en nuestro país ha sido el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, que en 2014 definió la integración social como uno de los ejes fundamentales de la Política Nacional de Desarrollo Urbano. En esta esfera, su importancia radica en que todos puedan recibir los beneficios de la ciudad. El caso de Santiago es paradigmático y hasta cliché: mientras en algunas comunas se gozan de altos estándares de calidad de vida, existen zonas que concentran muchos de los males que en una ciudad pueden existir. Y, por muchos años la construcción de nuevas soluciones habitacionales acrecentó este problema, siendo Bajos de Mena el símbolo de una política pública segregadora.

Sin embargo, existen también notables ejemplos de integración social en esta materia. Uno emblemático es la Villa Frei, en Ñuñoa. Construida en los años 60, el conjunto habitacional permitió acoger a 3600 familias en viviendas de buen nivel, con amplios parques y plazas. La Villa Frei, más que la simple construcción de viviendas, representa la construcción de un barrio, es decir viviendas emplazadas en un contexto urbano provechoso. El acceso al comercio, farmacias, parques y transporte público permite que la calidad de vida de las personas que lleguen a esas viviendas sociales sea considerablemente superior.

Para generar ciudades integradas, es necesario avanzar hacia un paradigma que desplace la mera construcción de soluciones habitacionales por la habilitación de barrios, garantizando un acceso más equitativo a los beneficios de la ciudad. La dignidad de una vivienda social no pasa exclusivamente por el tamaño y la calidad de la construcción -elementos que no podemos dejar de lado-, sino también por cómo esas viviendas se conectan con un entorno positivo.

El desafío no es fácil, pero los tiempos y las personas demandan la implementación de una nueva política social en este ámbito. La hoja de ruta ya ha sido trazada, se llama Política Nacional de Desarrollo Urbano y, si bien en los últimos años ha habido considerables avances en esta materia, es necesario ponerla como una urgencia social que nos permitirá recomponer un tejido social deteriorado.

 

Diario La Segunda, jueves 18 de marzo, 2021.

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