No renunciemos a dar esta batalla

Por Paulo Adrián, Investigador Fundación Aire Nuevo 

Se aproxima la elección presidencial y además de ver rostros, uno espera escuchar ideas y programas. Este escenario es propicio para poner sobre la mesa temas que no son prioridad hoy en la discusión pública, pero que debieran serlo. En concreto, me refiero al dolor que genera la droga en nuestro país.

Como todo problema complejo, no existe una bala de plata para solucionarlo rápidamente. Sin embargo, en términos generales es posible identificar dos ámbitos: por una parte la prevención del consumo, y por otra la reducción del tráfico e ingreso de drogas a nuestro país. En otras palabras, demanda y oferta.

Respecto a la prevención, la situación de nuestros niños y jóvenes en edad escolar es deprimente. Nuestras nuevas generaciones superan a la población general en el consumo de drogas y tienen el triste primer lugar continental en el consumo de marihuana, cocaína, pasta base y tranquilizantes sin receta médica. ¿Qué consecuencias tiene esto en los aprendizajes? ¿En la salud mental? ¿En su desarrollo físico y emocional? ¿Cuáles serán los efectos en el futuro? Son preguntas de las que debemos preocuparnos. Senda ha hecho un tremendo trabajo en establecer una ambiciosa estrategia nacional para los próximos 10 años. Pero es razonable creer que si el problema no es una prioridad política, será difícil avanzar a la velocidad que necesitamos.

De manera complementaria necesitamos avanzar en reducir la oferta de drogas. Allí donde el Estado se encuentra ausente, el narco se instala ofreciendo ingresos y protección para quienes a él se someten. El problema es que nos acostumbramos a que así sea. De vez en cuando, uno que otro reportaje periodístico vuelve a asustar a la elite, pero después de un par de días el problema se olvida. La implementación de programas basados en evidencia, mayor coordinación entre las policías, el uso de tecnología e inteligencia y una política que unifique la prevención con el control y la persecución penal son parte de la respuesta que el Estado debe dar.

Esperemos que las distintas candidaturas propongan soluciones responsables y eficientes que nos permitan sanar esta herida. Sus consecuencias son graves, ya que afectan la salud, la educación, la seguridad y en definitiva el futuro de Chile. No normalicemos esta crisis silenciosa que hoy compromete a lo más valioso que como sociedad tenemos: nuestras nuevas generaciones.

La Segunda , 22 de abril 2021.

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