Todos seremos triunfadores

Por Miguel Ángel Fernández, Director Ejecutivo Fundación Aire Nuevo 

Los vientos de la opinión pública soplarán con una inusitada fuerza el próximo domingo. La elección de este 15 y 16 de mayo será la contienda electoral más vasta de la historia democrática del país. Por primera vez elegimos a nuestros gobernadores regionales, por única vez (esperamos algunos) a convencionales constituyentes, y como cada (aproximadamente) cuatro años alcaldes y concejales estarán al arbitrio del apoyo de la ciudadanía. Sumado a ello, es una campaña en el mundo Covid, con pausas de inesperado destino e incierto impacto, una sobre-estimulación de eventos virtuales y una ciudadanía que pareciese estar algo confundida sobre cómo votar.

En ese marco los resultados que observemos el próximo domingo son determinantes no solo para lo que ocurrirá dos días después –inscripción de primarias–, sino que también para una seguidilla de hitos políticos que están algo más alejados del escrutinio público. La elección de concejales, reconocida usualmente como el “gallito de fuerza” entre partidos, mostrará la expresión territorial de las agrupaciones y afectará la negociación parlamentaria al interior de las coaliciones políticas. Por su parte, la lucha por las alcaldías determinará parte del ánimo con que las coaliciones vislumbrarán las presidenciales.

Como si lo anterior fuese poco, la elección de convencionales se leerá bajo un triple lente: estrategias para acuerdos, anticipador de elecciones parlamentarias, y fuerza de coaliciones tradicionales. Por último, tenemos la novel elección de gobernadores, que dada la incertidumbre que las rodea, es posible que una mayoría de las contiendas se decidan en una segunda vuelta.

Tan difícil como encontrar a su candidato en la “sábana” del voto de concejales será entonces hacer la bajada de los resultados. La respuesta a la clásica interrogante de quién triunfó y quién perdió tiene, como nunca, muchas más aristas que en años anteriores. Usualmente, analistas miran a cinco o seis indicadores para determinar qué partido o pacto salió como rey triunfante de los comicios.

Algunos de estos incluyen votación de concejales, número de concejales electos, número de alcaldías, triunfo en capitales regionales / comunas emblemáticas, y variación entre elecciones. A ello, en esta elección se suman: la configuración de la Convención, los rostros que resulten electos, la cantidad de segundas vueltas de la elección de gobernador, y otros factores secundarios tales como los votos inválidos, la fragmentación del sistema de partidos, entre otros.

De no mediar una debacle de proporciones, todos tendrán una oportunidad para mostrarse como vencedores, pues con tantas elecciones la tentación de centrar el análisis en una u otra elección e indicador, donde la posición propia resulte triunfadora, importará más que una mirada global a los cuatro comicios que se celebrarán dichos días.

¿No existirá la objetividad entonces? Como siempre, ello es difícil, pero existen –al menos– dos elementos claros: primero, al oficialismo le basta un resultado relativamente similar al de 2016 en alcaldes y lograr un tercio de los convencionales para sentirse satisfechos. Segundo, el destino de la oposición depende del balance de fuerzas interno, pues el auge de una facción será la derrota de su contraria y, en ese sentido, la construcción artificial del bloque no será suficiente para convocar al “mandato popular”.

Voces de La Tercera, 15 de mayo 2021.

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